La vinculación entre empresas, talento, infraestructura y cadenas de suministro será determinante para que México, Estados Unidos y Canadá fortalezcan su posición frente a otras regiones económicas, planteó Pedro Casas Alatriste, Director Ejecutivo de AMCHAM México.
Querétaro puede desempeñar un papel estratégico en la construcción de una Norteamérica más integrada, particularmente por su concentración industrial, la presencia de compañías globales y el desarrollo de proveedores capaces de incorporarse a cadenas de valor internacionales.
Este fue uno de los planteamientos expuestos por Pedro Casas Alatriste, director general y vicepresidente de la American Chamber of Commerce of Mexico (AMCHAM), durante el encuentro con miembros de AMCHAM en Querétaro, donde presentó la perspectiva de la organización sobre los retos y oportunidades que enfrenta la región.

Bajo el concepto “North America’s Regional Utopia”, el directivo señaló que México y Estados Unidos ya mantienen un elevado nivel de interdependencia económica, pero que el siguiente paso consiste en transformar esa relación comercial en una estrategia de producción compartida.
La propuesta parte de tres grandes áreas: talento y dinámica demográfica; infraestructura e instituciones; así como producción conjunta y energía.
Talento, uno de los principales desafíos
Uno de los factores que podrían determinar la competitividad futura de Norteamérica es la disponibilidad de trabajadores especializados.
De acuerdo con datos de AMCHAM, Estados Unidos enfrenta un cambio demográfico que podría acentuar la necesidad de incorporar talento, mientras México cuenta con una población más joven y una edad media aproximadamente nueve años menor que la estadounidense.
Ante este escenario, Casas Alatriste planteó la conveniencia de establecer mecanismos que permitan una movilidad ordenada de profesionales entre ambos países, particularmente en actividades consideradas estratégicas para la economía del futuro.
Entre las alternativas mencionadas se encuentran esquemas de visas sectoriales, certificaciones compatibles y mecanismos para facilitar la participación de especialistas en proyectos productivos a ambos lados de la frontera.
La intención, explicó, sería atender necesidades específicas de sectores como inteligencia artificial, semiconductores y energías limpias mediante movilidad laboral regulada y especializada.
Infraestructura, otro punto de atención
El segundo desafío se encuentra en la capacidad de la infraestructura fronteriza para acompañar el crecimiento del intercambio comercial.
AMCHAM estima que los diez estados fronterizos de México y Estados Unidos concentran una actividad económica conjunta cercana a los 7 billones de dólares y más de 100 millones de habitantes. En esta zona se movilizan diariamente mercancías por un valor superior a los 2 mil millones de dólares.
Sin embargo, el incremento del comercio también evidenció limitaciones en los cruces fronterizos, entre ellas tiempos de espera, procesos de inspección duplicados y necesidades de modernización.
Como parte de una posible solución, la organización plantea fortalecer la coordinación entre autoridades, impulsar inspecciones conjuntas, mejorar la interoperabilidad de los sistemas y desarrollar corredores logísticos seguros con infraestructura inteligente.
El objetivo sería facilitar el flujo de mercancías manteniendo los controles necesarios en materia de seguridad.
De la relocalización a una producción regional
Para el sector industrial mexicano, uno de los aspectos más relevantes de esta visión está relacionado con la evolución del nearshoring hacia un esquema de mayor integración productiva.
La perspectiva planteada por AMCHAM parte de que la competencia económica internacional no se desarrolla únicamente entre países, sino también entre regiones capaces de articular talento, proveedores, infraestructura, energía y tecnología.
En este contexto, México tiene la posibilidad de incrementar su participación dentro de las cadenas norteamericanas de producción.
La estrategia contempla identificar y certificar cadenas de suministro, incrementar el contenido regional, fortalecer la integración energética y facilitar la incorporación de pequeñas y medianas empresas.
Esto último resulta particularmente relevante para el Bajío, donde existe una amplia concentración de compañías internacionales y una red de proveedores locales con posibilidades de integrarse a nuevos proyectos.
Querétaro, un punto de conexión
Durante su participación, Casas Alatriste destacó el interés de AMCHAM por fortalecer su presencia en Querétaro y eventualmente desarrollar una actividad permanente en la entidad y en el Bajío.
La oportunidad para la región estaría, entre otros aspectos, en acercar a las grandes compañías internacionales con pequeñas y medianas empresas que buscan convertirse en proveedores.
En ese sentido, AMCHAM se plantea como un espacio de conexión entre compañías, personas y gobiernos para facilitar nuevas relaciones de negocio y colaboración.
Actualmente, la organización agrupa alrededor de 1,500 empresas, entre compañías estadounidenses, mexicanas e internacionales relacionadas con la actividad económica bilateral.
Una integración que va más allá del comercio
AMCHAM planteó en Querétaro que la relación entre México y Estados Unidos puede evolucionar de un esquema centrado principalmente en el intercambio comercial hacia una dinámica de producción complementaria y desarrollo regional.
Para ello, será necesario fortalecer las cadenas de suministro, mejorar la infraestructura fronteriza, desarrollar talento especializado y generar condiciones para que las empresas mexicanas, incluidas las pequeñas y medianas, tengan mayores posibilidades de incorporarse a proyectos de alcance internacional.
En este escenario, Querétaro y el Bajío cuentan con elementos que pueden favorecer su participación en esa nueva etapa: una sólida base manufacturera, presencia de empresas globales y un ecosistema de proveeduría que puede ampliar su vinculación con las cadenas productivas de Norteamérica.
AMCHAM coloca así a la región frente a un desafío que trasciende la llegada de nuevas inversiones: construir una integración productiva capaz de aprovechar de manera conjunta el talento, la infraestructura y las capacidades industriales de México y Estados Unidos.
